...Los dos nos arrimamos, y se puso a mirarme;
en la frente dolida se le avivó el lucero,
y sus remotos ojos parecían hablarme
del dolor que le daba de perder mi ternero.
Y la nodriza y todo
cuanto del llano tuve, se me quedó en el llano…
La vaca me miraba…, me miraba de un modo,
que yo sentí la angustia de tenderle la mano…
Andres Eloy Blanco |