De camino entre Chaouen y Ketama nos encontramos con un pequeño pueblecito rodeado de piedras. No eran más que los desprendiemientos contínuos de la montaña. Algunas llegan a pesar hasta 10 toneladas y la vida sigue curso diario. Las casas apostadas a ambos lados de la caída de piedras la vida parece normal. Algunas, incluso, han llegado a cruzar la carretera con el sabido peligro para los habitantes y conductores que a diario circulan por ella. Muchas veces la necesidad aprieta y de qué forma. |