Colombia, a pesar de tener múltiples riquezas de tipo hídrico, topográfico, y cultural, es un país netamente agrícola.
Ampliamente conocida por ser el mejor productor de café suave del mundo, sobre la diversidad de su suelo se siembran en armoniosos surcos, infinidad de cultivos de arroz, maíz, plátano, yuca, papa, hortalizas, flores, árboles frutales, etc.
Esta foto, más que una ventana al mundo para mostrar algo de mi querida Colombia, es una escena para crear conciencia ecológica hacia nosotros, hacia nuestros hijos y hacia los hijos de nuestros hijos.
A raíz del calentamiento global, de los bruscos cambios climáticos, los terrenos de cultivo colombiano, especialmente en la sabana de Bogota (centro del país), así como en muchas otras latitudes, se han visto afectados y han sufrido las consecuencias de estos acontecimientos, ocasionados a gran escala por el desarrollo progresista del hombre a través del tiempo, en la contaminación del aire que respiramos y de las fuentes hidrográficas.
Fuertes olas de calor durante el día (con carencia absoluta de nubes) y fuertes heladas al amanecer en mi país, han destruido cultivos enteros, ocasionando perdidas y desconsuelo.
¿Qué herencia le vamos a dejar a nuestros hijos? |