A menudo nuestra mente se asemeja a esta imagen del agua de la orilla: turbia, con contracorrientes, arremolinada, abrupta... Fluctuaciones llamaba el sabio indio Patanjali a este movimiento incesante de la mente. Qué lejos de la serenidad y quietud de una superficie de agua y una mente que no es alterada por nada y en la que todo se refleja como un espejo.
(Esta es la 3ª, y última, de una serie de tres sobre la playa) |