La Torre Blanca, que antiguamente formaba parte de las murallas, era el principal elemento del paseo marítimo. Los turcos la reconstruyeron en el s. XV y la utilizaron como cárcel de los jenízaros -guardia del sultán- que traicionaban a su amo. En 1826, los que se rebelaron contra Mahmud II fueron encerrados y aniquilados en la torre, que pasó a llamarse Torre de la Sangre. Con el fin de modificar su nombre, los turcos blanquearon los muros con cal y la llamaron Torre Blanca. Tiene 35 m de altura y acoge exposiciones temporales.
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